miércoles, 24 de marzo de 2010
Parábola de los invitados al banquete
No es difícil de entender la parábola, pues Dios es el que nos llama a su banquete. Es su corazón generoso que todo lo regala gratuitamente: Él invita, Él prepara y Él espera de brazos abiertos.
Las respuestas de los invitados son tacañas: uno dijo que debía ir a su campo y de esta forma no tenía tiempo; otro, que le interesaba más cuidar de sus negocios y, los demás, trataron con frialdad y maldad a los empleados del rey. Es importante darse cuenta de que los invitados se autoexcluyen.
Participar de los agasajos de Dios significa amistad, comunión y felicidad. Sin embargo, también está el libre albedrío del ser humano, que puede aceptar la invitación o rechazarla.
El primer banquete al que el Señor nos invita es al de la vida, en su dimensión física, afectiva, espiritual y social. Asimismo, el formar parte de su gran familia, que es la Iglesia y de manera especial, participar de la misa todos los domingos.
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